EMERGENCY ROOM
EMERGENCY ROOM
The waiting is the hardest part
-Is it broken?
-I don’t know ‘yesh’
Me resultó agradable percibir la fricación que tan instintivamente produjo la chiquilla al pronunciar la “t” final del adverbio. No había ninguna duda, estaba en Irlanda donde los sonidos dentales en posición posnuclear se transforman en fricativos.
Apenas tuve tiempo para hacer una reflexión sobre aquel característico rasgo fonético cuando la joven ayudada por sus muletas tomó asiento junto a la preocupada anciana que se hallaba pertrechada con una gruesa chaqueta amarilla “nicotinodental” inconscientemente escogida para la ocasión pues hacía juego con las desconchadas paredes de la cochambrosa sala de espera del hospital.
Quién sabe cuánto tiempo tendría que permanecer la criatura allí sentada aguardando un diagnóstico. Empecé a dar credibilidad a lo que coloquialmente se dice de los hospitales: “sabes cuándo entras, pero no cuándo sales” y lo que es aún más inquietante, me percato de cómo la palabra urgencia pierde su valor semántico a medida que las dos manecillas del reloj que cuelga de la pared recorren con pachorra y no en pocas ocasiones cada uno de los dígitos que lo componen.
Seguramente se tratase de una vecina, ¿a quién si no podría uno encontrarse en una sala de urgencias? Seguro que entre sus incontables recuerdos se halla el de la primera vez que vio a la niña; era otoño igual que ahora y sus padres la llevaban en su cochecito de paseo hasta que inevitablemente ella introdujo en él la cabeza privando a la inocente criatura del único rayo de sol que podría haber hecho aparición aquella semana. Ahora cabía la posibilidad de que su brazo estuviese roto y de ser así la escayola iba a impedir nuevamente que el sol rozase al menos una parcela de su piel.
Un euro y medio por un café. Tres monedas de cincuenta saltan de mi cartera a mi mano y la empujan hacia la ranura de la máquina. Está asqueroso. Amargo porque no recordé activar esa opción que te permite modificar la cantidad deseada de azúcar, extremadamente caliente como era de esperar, tanto que sin poder remediarlo acabo quemándome los dedos con el vaso de plástico; en definitiva, nada que ver con la cafetería de los sueños. No obstante la cafeína que contiene empieza a mezclarse con mi sangre homogéneamente y en el fondo eso es todo lo que necesito para no acabar dormido antes de lo esperado aquella noche.
La última hora no se me ha hecho tan larga, ella lleva un rato dentro y finalmente la intriga deja paso al desenlace:
-No broken
-That’s good.
(NOVIEMBRE 2006 - MAYO 2008)
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Ángel -